EL DILEMA DEL PRISIONERO
Víctor Cruz
Economista
Si creen que por el título de este escrito me referiré
al encierro en que nos encontramos derivado de las medidas de mitigación del
COVID-19, pues no es así.
La evaluación de las variables económicas, llámense Producto
Interno Bruto (PIB), Deuda Pública, Población Económicamente Activa (PEA), Desempleo,
la Demanda/Oferta, la Inversión/Ahorro solo por mencionar algunas, tenderán en
un momento dado a ser parte de un Dilema de Política Económica, ya que sus
interrelaciones ante circunstancias particulares adquirirán un rol determinante
en las decisiones que se adopten.
De manera similar lo hace la empresa privada para llevar a cabo sus actividades, sea en la Banca, la Construcción, la Industria Manufacturera, el Sector Agropecuario, etc., en torno a decidir sobre la compra de materias primas, cadena de distribución, inventarios, precios, personal requerido, sistema legal, etc.
Considerando todo ello, tanto Gobierno, el Sector Privado y las familias, deberán lidiar con decisiones específicas dependiendo de las circunstancias, y las mismas implican la valoración equilibrada y la coordinación de las respuestas de cada variable sea esta sanitaria, económica y legal porque de ello dependerán las acciones a emprender para superar esta crisis.
Pues bien, ante un evento que ha impactado el tejido social global, cuya repercusión se extiende a la estructura económica del orbe, en economía dicho evento se considera una externalidad, y en este caso es de carácter Negativo.
Esto implica que los agentes privados, intentarán maximizar sus beneficios, ya que no van a asumir el coste social de sus decisiones en eventos como éste. Ejemplo de ello, un banco no condonará ningún crédito otorgado.
El ciudadano
común buscará la forma de estar en las mejores condiciones con mucha comida,
agua, medicamentos, entre otros para paliar la crisis.
Por ello, la
Teoría Económica indica que, en ausencia de coordinación, cuando la acción de
cada agente económico (Sector Privado y sociedad) tiene consecuencias sobre el
otro, la asignación de equilibrio no es eficiente al no cooperar e intentar
cada cual maximizar sus beneficios particulares.
Una forma
sencilla de explicar esto en términos económicos, es a través de las Curvas de
Indiferencia, las cuales muestran las diferentes combinaciones entre
dos bienes que reportan la misma satisfacción a una persona, y que son
preferidas a otras combinaciones de cualquier otro bien.
Las decisiones del consumidor se darán a lo largo de
esas curvas. Si el consumidor decide tener más bebidas y menos comida o
viceversa, o en el mejor de los casos una decisión más equilibrada (50% de
ambos bienes) será la forma en que maximice sus beneficios.
Esta gráfica sirve para demostrar el comportamiento del empresario, incluso del Gobierno Nacional.
Como la situación que se vive es más complicada y de seguro requerirá de una gran coordinación, como se ha evidenciado, para lograr balances en todas las áreas del quehacer, será el Gobierno Nacional el garante de dicho esfuerzo.
Siendo la Teoría de Juegos una rama de la economía que estudia las decisiones en las que, para que un individuo maximice sus beneficios, y por ende tenga éxito, tiene que tener en cuenta las decisiones tomadas por el resto de los agentes que intervienen en la ecuación como lo son su propia competencia, el Gobierno, incluso sus clientes, y esta teoría nos cae como anillo al dedo para analizar el evento que nos ocupa.
Dentro de esta teoría existe el denominado Dilema del Prisionero y apelamos a dicho análisis para evaluar no solo el comportamiento que merece el virus en sí, sino las decisiones que provocan tomar para enfrentarlo.
El ejemplo clásico para
explicar esto es el siguiente: “La
policía arresta a dos delincuentes. No hay pruebas suficientes para condenarlos
y, tras separarlos, la policía interroga a cada uno y les ofrece el mismo
trato. Si uno confiesa y su cómplice no, el cómplice será condenado a la pena
total y el primero será liberado. Si uno calla y el cómplice confiesa, el
primero recibirá esa pena y será el cómplice quien salga libre. Si ambos
confiesan, ambos serán condenados. Si ambos lo niegan, todo lo que podrán hacer
será encerrarlos durante un año por un cargo menor.”
Hasta ahora, el resultado para
cada sospechoso dependerá no solo de la decisión que adopte cada cual, sino que
el resultado de su decisión depende de la decisión del otro. Ninguno de ellos
conoce qué ha elegido hacer el otro. Incluso si pudiesen hablar entre sí, no
podrían estar seguros de confiar mutuamente.
A
falta de pruebas suficientes, cada sospechoso puede optar por cooperar con él y
permanecer en silencio, pero la opción óptima para cada cual sería confesar, lo
que significaría que sería liberado inmediatamente, mientras el cómplice tendrá
que cumplir una condena máxima…. si ambos decidiesen cooperar y permanecer en silencio,
recibirían un cargo menor.
Confesar
pareciera ser la estrategia que prevalece para ambos sospechosos por la
oferta de las autoridades, pero si lo hacen desconociendo la decisión del otro ambos
podrían recibir largas condenas. Este es la clave del dilema.
Traslademos este esquema a Panamá
y cómo esta herramienta de análisis nos puede ayudar a entender las posibles
decisiones que se adoptan y cómo repercuten en el resto de los agentes.
Por las características de este
virus, el primer gran problema que enfrenta un país es si el Sistema de Salud
es prioritario antes que la mantener la Economía caminando.
Si el virus, aparentemente, es muy
contagioso y las actividades económicas siguen su curso normal favoreciendo el empleo
de las personas, esto coadyuvará la propagación del contagio.
Si por el contrario se prioriza
el Sistema de Salud y se paralizan las actividades económicas, que ha sido la
decisión adoptada en nuestro país estableciendo cuarentenas, los resultados
serán cierres de negocios, despidos, suspensiones de contrato, adelanto de
vacaciones y para los profesionales independientes que dependen del día a día,
los desembolsos de bonos o vales para la compra de alimentos o bolsas de comida
serán las compensaciones por el cese temporal. Pero por el otro lado, el
contagio puede ser controlado y así evitar que la infraestructura médica se
sature y deba decidirse, en última instancia, a quién se atiende y a quién no,
sin contar con alguna persona que sin estar contagiada requiera un ventilador
por la patología crónica que presente.
Otro ejemplo que se explica por
este dilema es cómo el Sistema de Salud, intrínsecamente enfrenta su propia
infraestructura, tanto Pública como Privada, si los contagios se salen de
control y las unidades de Cuidados Intensivos (UCI) no se dan abasto.
Donde surge el dilema, si el
Sistema tiene los suficientes ventiladores para atender un contagio masivo y
para ello se deberá reorganizar áreas de atención médica, salas con bajo uso y
ponerlas a disposición de los contagiados, incluyendo el equipamiento.
En este caso, surge una
interrogante, y si el contagio es masivo y aun teniendo suficiente espacio, no
existe en el mercado interno la capacidad de suplir los dichosos ventiladores,
y los fabricantes tienen copadas sus líneas de producción, dando lugar al
acaparamiento, incluso la piratería de equipos por un país cuando el equipo es
para otro país.
El otro dilema son los recursos
que un gobierno, de seguro no tiene presupuestado para atender este tipo de
eventualidad cuyos costos exceden por lo general el porcentaje de imprevistos
que en la contabilidad privada uno determina por cualquiera eventualidad, dando
lugar a depender del uso de la Deuda Pública para atender el presupuesto en las
áreas de Salud y Seguridad Social. Sin contar los problemas de sobrecostos de insumos
vitales, llámese Ventiladores, Mascarillas, Alcohol, gel alcoholado, aerosoles
desinfectantes, etc., salen a relucir en las compras gubernamentales, producto
de la escases.
En cuanto a la sociedad el dilema
es igual. Las personas deben mantener la cuarentena para evitar el contagio,
sin embargo, si se arriesgan a salir y romper la cuarentena tiene la
probabilidad no solo de contagiarse, sino que la autoridad puede imponerle una
penalidad por violar la regla.
Las decisiones personales se ven
afectadas igualmente, ya que de estar recibiendo salario o tener ahorros
suficientes (la mayoría no los tiene) los pertrechos de comida y medicamentos
parecen estar salvaguardados, pero de no ser así, se corre el riesgo de que
deben salir a buscar sustento o comida de alguna forma, con la probabilidad del
contagio y/o la multa.
Como ven, el Dilema del
Prisionero está muy presente en nuestras vidas, no solo en estos momentos en
que la gran mayoría sufre el encierro como el de un reo que ha violado la ley,
pero como se ha demostrado en pocas palabras los distintos agentes económicos
tienden a maximizar sus propios beneficios y el Gobierno deberá garantizar este
esfuerzo, bajo estricta coordinación entre la institucionalidad gubernamental y
la cooperación con el sector privado y la sociedad.
Abril 2020.
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