Los Retardos en la Política Económica en Panamá(I)
La economía nacional venía desacelerando su
crecimiento en los últimos años y con la llegada de COVID-19 se agudizó la
situación.
La llegada del COVID-19 a Panamá ha trastocado
íntegramente los cimientos de la sociedad panameña. Desde lo institucional a lo
económico-comercial, y en el aspecto social lo peor ha recaído en la parte
familiar, debido al distanciamiento provocado por las cuarentenas y los cercos
sanitarios puntuales.
La economía nacional venía desacelerando su nivel de
crecimiento en los últimos años y el 2020 apuntaba a que seguiría el mismo
camino, pero la perturbación de carácter exógeno denominada COVID-19 le colocó
la cereza al pastel al verse las autoridades en la imperiosa necesidad de
adoptar, como medida de mitigación del virus, la paralización de las
actividades económicas, con las excepciones conocidas por todos.
Ante esta situación, el Gobierno Nacional al no poder
imprimir papel moneda, recurre al financiamiento externo porque las finanzas
públicas mostraron un desequilibrio descomunal que impedía lidiar con la
gestión gubernamental de la mejor manera posible.
La deuda a proveedores que ascendía, aproximadamente a
$1,200 millones, transacciones sin registrar por otros $700 millones y un bono
de $2,500 millones que vencía en enero de este año, fueron los tres primeros
golpes al hígado, con caída incluida, que recibió el gobierno. Aún así, los
organismos como el FMI y el Banco Mundial estimaban que Panamá arrojaría signos
positivos en su crecimiento para este año.
Pero los datos económicos no mostraban fortaleza y el
descenso seguía, por lo que la segunda caída se veía venir. La pandemia
declarada embate con creces y nuevamente vamos al mercado internacional para
conseguir recursos y hacerle frente al dichoso virus, sino que también los
ofrecimientos crediticios pactados con el FMI, la CAF entre otros organismos,
hacen que se dé la segunda caída, luego de que los nuevos pronósticos de
organismos internacionales estimaran que Panamá mostraría signos negativos
(-2%) para el 2020.
Si de por sí la situación económica no iba bien, y las
decisiones para contener el virus impedían que el resto de los sectores
reiniciara labores para reactivar la economía, la tercera caída asomaba su
rostro cuando las autoridades de la Caja del Seguro Social (CSS), sin estados
financieros auditados mucho menos los análisis actuariales respectivos, dijeran
que las Reservas del programa de IVM solo contaba con recursos para el pago a
los jubilados y pensionados para unos 18 meses.
Si hoy día la cantidad de jubilados y pensionados
ronda las 240 mil personas y para ellas resta, según las autoridades de la CSS,
lo antes mencionado, que será de quienes estamos en el programa solidario y nos
acercamos a nuestra edad de jubilación. ¿Será que para nosotros la jubilación
no existirá?
Justo aquí es donde cabe poner atención a cómo
gestionará el gobierno actual los diversos mecanismos para impulsar la política
económica y no llegar a números rojos, no solo en la CSS, sino en el resto de
las actividades económicas.
Con base en ello se hace fundamental conocer, de
verdad, cómo funciona la economía del país en términos macroeconómicos y otra
cómo desarrollan los agentes privados sus actividades y, a partir de allí,
reconocer las afectaciones generadas por el virus y en qué medida se aplicarán
los correctivos respectivos, esto es, las políticas económicas.
Digamos, por ejemplo, que el Gobierno requiere que la
población incremente sustancialmente el Consumo, siendo esta variable uno de
los principales motores del crecimiento de cualquier país. Pero, el nivel de
desempleo es alto, mucho más con el virus y las finanzas públicas están de capa
caída. La economía de por sí está creciendo muy por debajo de su potencial.
Asumamos que el Gobierno tiene a su haber, el uso de
un seguro por desempleo (esto no existe en Panamá) y ello podría mantener el
consumo hasta cierto nivel, pero esos son fondos cuya cuantía no ayuda mucho a
impactar el PIB. En nuestro caso, se ha instaurado los vales y/o Bonos
Solidarios para que las personas a quienes se les asigne ese recurso ($80/mes)
se suplan de alimentos y medicamentos durante la cuarentena, recordando que la
Canasta Básica de Alimentos es un poco más de $300/mes, cuatro veces menos lo
que se impacta el PIB por la vía del Consumo Privado.
El Gobierno ha impulsado igualmente la compra de
productos nacionales para las Bolsas de Comida y eso en algún porcentaje ayuda
a mover la economía. Pero eso tampoco ayuda mucho, debido a que los recursos
utilizados para ello provienen del endeudamiento.
Le corresponde igualmente activar, por la vía de la
política económica, la inversión; sin embargo, el sector privado no siente en
el mercado el aliciente suficiente para invertir (mucha capacidad ociosa)
debido a que el Consumo sigue deprimido, por lo cual parece que la otra
variable a impulsarse será la Inversión Externa la que podría coadyuvar a
mejorar la situación y mover un poco más la rueda de la economía.
Si bien, la inversión gubernamental ha estado detenida
y los proyectos que se tiene previsto generarían gran impacto, lo cierto es que
las finanzas públicas como se ha anunciado no ayudan mucho para ponerlos en
ejecución, y si a eso le agregamos las reasignaciones presupuestarias para
atender las necesidades del COVID-19, entonces para cuando losgh Mega Proyectos
que, según el Ministro de Economía y Finanzas el presupuesto para ellos ronda
los $1,500 millones, han debido ser reasignados para ir a la guerra contra el
virus.
¿Será que el endeudamiento externo seguirá creciendo más de lo que ya se incrementó en solo un año? He allí el Dilema del Prisionero, siendo éste último el gobierno nacional.
Los mecanismos de gestión de la política económica, afectan otras variables, como los salarios, el nivel de precios, la inflación, el ahorro etc. Pero la cuestión es, el tiempo de retardo no solo en el reconocimiento del problema, sino en los momentos de decisión y sobre todo de acción. Si la dosis a aplicar para que la situación mejore, como lo es hasta ahora con el bono y los vales, la misma se queda muy corta.
¿Será excesivo o no el incremento de nuestra Deuda
Externa, ya sea por la vía de la constitución de un bono o las líneas de
crédito pactadas con organismos de crédito?
Las economías grandes han utilizado modelos económicos
para determinar las interrelaciones entre variables y cómo éstas afectan la
demanda y la oferta agregada de un país y de esa forma estimar el nivel de
crecimiento. Similar a lo que hoy hacen los países para estimar el
comportamiento del COVID-19 y de paso tener tiempo para analizar su estructura
hasta desarrollar una vacuna.
Cómo lo hace nuestro gobierno nacional, no lo sé. Pero
las decisiones que a la fecha se han adoptado incrementan con creces nuestra
Deuda Externa y comprometen mejores perspectivas a nuestro Grado de Inversión.
Digamos que no había de otra y esas decisiones eran
las convenientes en estos momentos, pero el resto del negocio no queda allí.
Hoy día deben tomarse otras decisiones y la cuestión
está en los momentos en que se tomen y lo que demora dicha acción en causar el
efecto esperado, lo que se denomina en economía los Retardos de las acciones de
política económica.
La perturbación exógena (COVID-19) ha afectado aún más
el desempeño económico, pero las decisiones gubernamentales a destiempo, se
convierten en retardos más pronunciados, porque las decisiones toman tiempo
para causar el efecto esperado.
Si bien esta perturbación es transitoria, por sus
características intrínsecas, parece que la transitoriedad de este evento de
acuerdo a los criterios de la OMS no es tan transitoria como uno espera y eso
se nota cuando el Gobierno establece el protocolo para la reactivación y se dan
las primeras aperturas para un grupo de actividades económicas, las cuales a
simple vista es poco lo que aportan al crecimiento económico y al empleo.
Preocupa aún más que el Gobierno, para reabrir el
Bloque 2 haya comentado que pasados 10 a 14 días evaluará la posibilidad de
oficializar la medida, y si por alguna razón no pueden abrir en ese lapso, las
reaperturas del resto de los bloques seguirán dilatando la dinámica empresarial
y el retorno a la senda del crecimiento económico, he aquí el Retardo en la
decisión y en la acción.
El Gobierno debe tener certeza en las decisiones a
adoptar con tiempo y que en este caso deben equilibrar los sobresaltos del
sector salud con los apuros del sector privado y la sociedad en su conjunto,
para no cercenar aún más el crecimiento de la economía nacional.
Mayo 2020.
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